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La ruta del reciclaje electrónico

¿Cómo un refrigerador termina siendo acero para la construcción? Descubre el proceso de reciclaje electrónico que escapa de los procesos convencionales de reutilización.

05-02-2019
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No se hace en un punto verde, como se podría inferir. El reciclaje de artículos electrónicos de gran volumen, como lavadoras o refrigeradores, tiene un proceso que escapa de todo lo preconcebido. Seguimos el camino en que un viejo refrigerador, por ejemplo, se convierte en fierros para construcción, o combustible para mineras.

Es difícil trasladar este tipo de aparatos, que pueden superar los 100 kilos. También es complejo desarmarlo con herramientas que se encuentran en el hogar. Es por eso que existen distintas iniciativas que buscan reducir la cantidad de desechos, y darle una segunda vida a los objetos que fueron considerados como basura.
Reutilización de desechos

Según una proyección del informe Perspectiva de la Gestión de Residuos en América Latina y el Caribe de Naciones Unidas, Chile es el país que más basura electrónica produce en el continente. Cada persona generaría al menos 11 kilos anuales de residuos en la nación, dejando atrás a países como México y Brasil.

Recicambio, una campaña que organizó la tienda París y el centro de reciclaje Degraf, buscan facilitar el proceso de reutilización de la basura electrónica. “Apostamos a generar conciencia sobre la reutilización de nuestros desechos, para evitar un daño irreparable al medioambiente”, afirma Camila Claps, subgerente de Sostenibilidad de la multitienda.

La alianza permite que las personas que contraten el servicio al comprar un electrodoméstico, se les retiraría el artículo viejo al domicilio. Posteriormente, estos aparatos en desuso son llevados para su desarme.

La gerenta general de Degraf, Gabriela Pérez, explica el proceso que sigue cuando ingresa cada artículo electrónico para reciclar. En la planta, 51 trabajadores se dedican a desarmar y clasificar los subproductos por el tipo de material. Ahí se desmantelan desde tostadores eléctricos hasta refrigeradores. Una vez hecho eso, estos artículos son prensados y enviados a otros centros que reutilicen este material. Ahí es cuando se les da nueva vida. Alrededor de 200 toneladas de desechos son preparados para su reciclaje.

“Conseguimos un 29% de plásticos, 27% espuma, 22% lata, 14% motor y 8% de otros materiales, como vidrio, aluminio y aceite. El más voluminoso de todos es la lata, que para poder transportarla, pasa por un proceso de compactación para reducir considerablemente su volumen”, explica Gabriela Pérez. Mientras que resto de desechos no metálicos se destinan a ser materia prima para combustibles o son almacenados en rellenos sanitarios.

En la planta de acero sustentable, Gerdau AZA, estos productos llegan listos para ser triturados y fundidos. En un proceso que consiste en la selección, trituración y fundición de los metales reciclados, en hornos que arden a más de 1200°C se preparan vigas de acero listas para ser dimensionadas y cortadas. En unos pocos segundos, los metales son convertidos en barras estriadas, utilizadas para estructuras y edificaciones, que se comercializarán en el rubro de la construcción.

Montañas de chatarra y metales de toda índole renacen como artículos que tendrán un nuevo uso, que tendrán una segunda vida. La ruta del reciclaje electrónico es una respuesta para reducir las miles de toneladas que van diariamente a vertederos, sin poderle dar un uso posterior a su función primaria.