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 Derechos Humanos
Sectores:
 Entidades No Lucrativas

Resguardar la protección, el derecho a vivir en familia

Por la Lic. Alejandra Perinetti, Directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina 

16-05-2019
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La familia, como institución nuclear, ha atravesado en los últimos años grandes transformaciones respecto a los modos o configuraciones que adquiere tanto como a la posibilidad de considerar la vinculación afectiva generada más allá de la tradicional familia nuclear. Afortunadamente, es cada vez más recurrente hablar de lazos familiares, familia extensa o incluso referentes afectivos con quienes no hay lazos de consanguinidad, pero forman parte del “sentirse en familia”.
 
Lo que no cambia es la función atribuida a ella y en especial en relación a niños, niñas y adolescentes, quienes requieren mayor protección. Hay un consenso generalizado en cuanto a que la familia, cualquiera sea su conformación, es la responsable de brindar protección y cuidado desde la afectividad y el buen trato. Los niños y niñas por encontrarse en un proceso de crecimiento y desarrollo requieren de la guía y el acompañamiento por parte del adulto para aprehender un modo de relacionarse, a partir de la incorporación de valores, costumbres y normas, que se convertirán en los pilares desde donde se proyectarán otras relaciones por fuera de la convivencia familiar.
 
Así la familia como organización donde se conjugan relaciones de poder, valores, costumbres, creencias y normas se constituye en la primera institución desde donde se recrean y reproducen las relaciones sociales. De allí la histórica noción de familia como célula básica de la sociedad.
 
Más allá de la mirada sociológica hay algo que caracteriza a la familia y es la capacidad de contención, generada a partir de la relación de pertenencia entre sus integrantes y que hace que cada uno se sienta seguro y protegido mientras se encuentra en familia. Esta relación importante para los adultos es vital para los niños para quienes el mundo exterior aparece como lo desconocido. Las herramientas adquiridas a partir de la seguridad familiar son las que se utilizan para salir a conquistar el mundo externo. La autoestima, confianza y autonomía del niño están directamente relacionadas con los vínculos desarrollados al interior del grupo familiar y serán condicionantes de cómo se vinculará con otros “ajenos a la familia”.
 
La convivencia familiar es fundamental en el proceso de desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes y por eso mismo es un derecho humano protegido jurídicamente.  El Estado es el principal responsable de garantizar el derecho a la convivencia familiar, una obligación que recoge de diversos instrumentos nacionales e internacionales al respecto.
 
Vivir en familia, ser cuidados y protegidos es un derecho de cada niño o adolescente. Por eso es una obligación del Estado garantizar los apoyos necesarios para que las familias puedan cumplir un rol protector. Esto incluye contar con los recursos necesarios materiales y simbólicos para satisfacer las necesidades básicas, ofrecer un entorno protector y afectivo para desarrollar la función de crianza y establecer límites no violentos. Para lograrlo el Estado debe implementar políticas públicas orientadas a este fin que prioricen el derecho humano de cada niño a la convivencia familiar.
 
En el contexto actual, las políticas de fortalecimiento familiar continúan siendo una deuda de Estado. Resulta fundamental trabajar desde la prevención para evitar la separación familiar de los niños. El derecho a la convivencia familiar libre de violencia es estructurante de la vida de todo niño o niña y es el Estado el garante de ello.
 
El 15 de mayo es el Día Internacional de la Familia, que sea un día para visibilizar el derecho a la convivencia familiar y exigir las respuestas que aún siguen pendientes.